21/1/09

Una historia...

Al momento de leer esto me saqué de onda, no sabía en verdad lo que estaba pasando. Era mi oportunidad para calificar, para juzgar a alguien sin importar quien fuera. 
De repente, una de las anotaciones llamó mi atención. Era esa muchacha de ojos oscuros, de rizos encantadores y aroma a flores maravilloso. Nunca olvidaría a esa mujer. Pero lo único que tenía era su nombre de escena: Lady. Vaya que era una hermosa mujer! Era encantadora, fascinante, hermosa, delicada, inteligente. Y lo único que se de ella es que es Lady. Me tortura al saber que nunca tendré la oportunidad de hablar con ella, de volverla a ver en persona, de apreciar el aroma de su perfume. Me torturan mis demonios internos que se hacen un festín de mi tristeza. Me quema el alma al haberla perdido, de haber perdido a ella "la belleza". No es que no podré regresar, sino que al regresar me quedaré inmóvil, tenso, confundido y profundamente enamorado al verle otra vez. Quedaré torturado de por vida, pero prefiero esto a nunca haberla visto, a nunca haberla conocido. Sería ignorante si no la conociera, sería tonto si la olvidara, sería necio si la buscara. Ella es, no solo mi vida, sino mi consuelo, pero también es mi tortura y mi desvelo. Le pido al cielo que cuide de ella, que vigile su alma y su pensamiento porque yo la veo pero no la puedo contemplar. 
Y mientras camino por este pasillo gris, siento el helado frío robarme el calor de mi pensamientos. Pienso en la vida, en sus frutos, en sus oportunidades, en sus trucos y sus mañas. Pienso en la vida misma como se las arregla para dar a cada quien lo que merece. Y pienso en lo que merezco. Yo no merezco nada! Nada!...Bueno... tal vez merezco a la mujer de mi alma, a la dulce mujer de mis sueños y pesadillas. Merezco verla una vez más y hacer con ella grandes cosas. Solo merecía haberla conocido, una sola vez más. Merecía haber estado con ella un segundo más pero el tiempo es sabio y sabe lo que hace, no perdona y no excusa, solo hace lo que debe de hacer. Sólo con el tiempo entendí, y entenderé que las cosas pasan y el tiempo arrancó feroz y despiadadamente lo que yo mas quise: a ella.
Pero es hoy cuando la vida es hoy. Y los pajarillos cantan sus alegrías de hoy, pero no del mañana, ni del ayer. 
Y suponiendo que no hay más que el día de hoy, me quedo sentado en la banca de este sanatorio y me olvido de mi amor querido, de mi amor encantado, de mi amor desconocido, de mi amor imposible.

Carlos Manzo

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